Cómo convertí el miedo a hablar en público en una oportunidad

Recuerdo la primera vez que me lancé a superar mi miedo a hablar en público, como uno de los peores momentos de mi vida. No porque lo pasara mal. Sino porque no lo conseguí.

En 2011, me había apuntado a un taller práctico que se titulaba “Levántate y habla”, dispuesta a adquirir las habilidades que me permitirían superar el terror que me inspiraba hablar en público.

Llegó el gran día. Me senté junto a un grupo muy variado de personas —desde comerciales hasta directivos—, impaciente por aprender por fin las técnicas que me permitirían perder el miedo a hablar en público. La persona que impartía el taller nos explicó la temática y los contenidos: había una parte teórica con técnicas y herramientas para adquirir confianza y seguridad; y una parte práctica: en esta, cada participante tendría que salir y hablar delante de todos durante cinco minutos sobre el tema que escogiera.

Al principio pensé que sería divertido experimentar algo nuevo, pero poco a poco, mientras escuchaba y tomaba notas, la voz del miedo se apoderó de mí y el mecanismo se puso en marcha. Mis manos empezaron a sudar, mis piernas a temblar y un nudo en el estómago se fue encargando de encogérmelo. El pánico se apoderó de mí. El simple hecho de imaginarme delante de aquel grupo de desconocidos significaba una catástrofe de proporciones mayúsculas. La única opción a mi alcance era escapar lo antes posible.

En la primera pausa cogí el bolso y me fui al baño para refrescarme un poco la cara. Traté de tranquilizarme y de reunir fuerzas para controlar mi nerviosismo. Volvería a la sala, todo iba a ir bien. Sin embargo, al salir, mis piernas y mi cuerpo, en vez de tomar a la derecha hacia el aula, giraron a la izquierda y me sacaron del edificio.

El miedo había vencido una vez más. Y tras el miedo, el autocastigo por no haber podido superarlo.

Durante mucho tiempo no se lo conté a nadie. Era una pesadilla. Pero estaba dispuesta a encontrar la solución, el antídoto.

Hoy, doy conferencias y charlas ante decenas de personas. Y a pesar de lo vulnerable que me siento cuando vuelvo a hablar en público, he podido superar mis límites y convertir mi miedo a hablar en público en una oportunidad para conocer quién soy realmente, liberar todo mi potencial y ser consciente de todas las posibilidades maravillosas que la vida dispone ante mis ojos.

Estoy segura de que tú también puedes convertir tu miedo a hablar en público en una oportunidad. ¿Quieres saber cómo?

Todo empieza por un cambio. Y no es un cambio titánico, ni extremadamente complicado. Es algo que puede empezar muy poquito a poco: tienes que modificar la forma de hablar contigo mismo y hablar de ti a los demás.

Pero para ello deber conocer cuál es tu Mecanismo del miedo©. Aquello que te lleva a huir, que hace que salgas de la habitación sin poder hacer nada para evitarlo. Para superarlo.

Imagen - Mecanismo del miedo©

Porque tras el miedo a hablar en público hay otro más profundo, arraigado en nuestra memoria, nuestra experiencia. Todos tenemos uno. El mío era “miedo a ser invisible”. Si aún no sabes cuál es el tuyo, contacta conmigo y lo descubriremos juntos.

El Mecanismo del miedo© es un círculo vicioso, un ciclo de eventos en los que la solución aparente a un problema causa un nuevo problema que te devuelve al problema original.

Cada uno de nosotros tiene un Mecanismo del miedo© individual anclado en cuatro pilares que lo vuelven muy estable: la herencia familiar, el sistema de creencias sostenido generación tras generación, las heridas emocionales de la infancia y las propias experiencias.

Conoces la voz del miedo, ¿verdad?

Es esa voz que te dice “no lo mereces”, o “no lo vas a conseguir” o “no vales suficientemente”. Quizás tú la conoces por otro nombre. Quizás llamas a esa voz “ser realista”, o “ser precavido” o incluso “ser listo”. Pero la verdad es que es la voz del miedo.

Y el primer paso para reducir su dominio sobre ti es identificarla y reconocer lo que dice.

El segundo paso es agradecerle su preocupación por ti. En última instancia su objetivo es protegerte, aun a costa de limitarte, de cortar tus alas. Y forma parte de ti. Abrázala como tal.

Y por último, déjala marchar. demuestra que no la necesitas. Que eres lo suficientemente fuerte para afrontar lo que venga.

Realizando esos tres pasos, verás como la voz del miedo pierde fuerza poco a poco y se va transformando en seguridad a la hora de enfrentar nuevos retos. Cómo tus límites se convierten en el motor que te da potencia para despegar.

Una vez que identificas y aceptas tu miedo, el paso siguiente es disponerte a hacer un trabajo interior:

a) Cuestionar tus creencias y verdades sobre ciertas cosas;

b) Renunciar a tu verdad absoluta sobre algo y aceptar que no es la única verdad;

c) Elegir tu nueva experiencia. 

Pero el proceso no termina aquí. Porque la consecuencia del miedo era el autocastigo, ¿recuerdas?

Para desarmar para siempre el miedo y convertirlo en los cimientos de lo que puedes llegar a ser, debes transformar ese autocastigo en reconocimiento.

Reconocerte a ti mismo por lo que haces te ayuda a dominar el miedo, aumenta tu conciencia de quien realmente eres y te motiva a seguir adelante y emprender acciones en otra dirección.

Pon en valor cada gesto de coraje que realices, cada instante en el que desafías tus límites y los superas. Por pequeño que sea. Escribe cada día, de tres a cinco reconocimientos:

“Hoy me reconozco a mí mismo por…”

Cuando consigas practicar el reconocimiento contigo mismo, reconoce también a los demás. Gratificarles, hacerles saber que son importantes, que las cosas que hacen son importantes, es el mejor regalo que se le puede hacer a una persona.

Comprométete contigo mismo y con este cambio. Sé firme y paciente. Reconócete y reconoce a los que te rodean. Y entonces podrás decir que estás dominando tu miedo. Que trabaja para ti. Y te empodera para seguir creciendo. Para ser cada día un poco mejor.

Y si necesitas ayuda para conseguirlo, no dudes en escribirme (info@melaniagarbu.com). Juntos, convertiremos tus límites en dos poderosas alas con las que volar libre.

Me encantará leerte en los comentarios.

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Una lección valiosa que cambió el destino de mi vida

Recordaré siempre la experiencia magnífica de mi primer seminario de desarrollo personal y la lección valiosa que recibí; una lección que cambió el rumbo de mi vida, aunque entonces no fuera capaz de verlo así.

En el año 2009, después de casi un año de lucha, que fue el periodo que duró el divorcio, un día me encontré por la calle a una amiga, que hace años que no veía. Sabía que había pasado por una situación personal muy complicada, unos años atrás, pero en aquel momento estaba radiante y se veía feliz y en paz con ella misma.

Me sorprendió tanto su cambio, que quise saber cómo lo había conseguido. Así que, nos fuimos a tomar un café y entre otras cosas, me habló de un entrenamiento de desarrollo personal que hizo y que según ella, le había cambiado la vida.

No me lo pensé dos veces y en ese mismo momento decidí inscribirme al próximo entrenamiento. Pero, tenía un problema. No tenía suficiente dinero para pagar el curso. Pero ese obstáculo, no me detuvo. Estaba tan desesperada por salir de aquella situación, que se me ocurrió vender parte de mis joyas para poder pagar el curso. ¡Y lo hice!

¡Llegó el gran día! Y nada más empezar el curso, nos dijeron cuál eran las reglas del entrenamiento. La que más me llamó la atención, fue la siguiente: “prohibido hablar de los demás”. Cuando lo oí me puse hecha una furia y pensé: «¡Están locos! Si no puedo hablar de los demás, ¿a quién le echaré la culpa por todas mis desgracias? Mis desgracias no me las he buscado yo. Siempre son otros los causantes». Estaba destrozada.

El primer día del entrenamiento me resultó muy incómodo. Por primera vez se trataba de mi misma y no de los demás. Por un instante tuve que ser honesta conmigo misma y reconocer que algo me pasaba que me bloqueaba y me impedía estar en paz. Era un hecho que ni podía ser feliz ni disfrutaba de la vida. No obstante, me resistía con todas mis fuerzas a asumir aquella responsabilidad, a tener la valentía necesaria para abandonar mi espacio de seguridad ficticia. La zona de confort —desde mi punto de vista, mal llamada así— es, en realidad, un lugar conocido, pero poco amparador. Solo que… resulta tan familiar… Sucede como con el animal habituado al maltrato: le duele, pero, tristemente, está en un territorio que conoce.

En medio de aquel malestar pasaron los dos primeros días. Al tercero, me presenté media hora antes para hablar con el líder, una mujer carismática de unos cincuenta años que enseguida me llamó la atención. Me acerqué, le dije quién era, que mi vida apestaba —en una palabra— y que yo había entendido que ese seminario me la iba a cambiar. En mi desesperación e ingenuidad, supuse que por el simple hecho de participar y sin hacer nada más, alguien externo me iba a solucionar los problemas y a cambiarme la vida. ¡Qué equivocada estaba! Ahora lo pienso y me produce ternura.

Y mientras le hablaba, de repente, la mujer me detuvo, me miró a los ojos y me preguntó: «Melania, ¿cuántos años tienes?»

Yo, encantada de que por fin se estuviera interesando en mí, respondí: tengo treinta y seis. Ella dijo, a su vez: «¡Enhorabuena Melania!, todavía estas a tiempo de seguir desperdiciando tu vida».

Se dio la vuelta y se marchó.

Me quedé de piedra. Muda. Y con cada minuto que pasaba, mi rabia y mi frustración aumentaban. Acabé el seminario, pero mi vida no cambió.

¿Sabes por qué?

  1. Primero, porque no me estaba haciendo la pregunta correcta. Yo quería saber por qué me habían pasado a mí todos aquellos desastres, cuando la pregunta correcta era para qué todo aquello y para qué precisamente a mí. ¿Cuál era el aprendizaje que había detrás? ¿Cómo dejar de obsesionarme con mi dolor y mi frustración y comenzar a reconocer todas las cosas buenas que me rodeaban?
  2. Segundo, porque todavía no estaba dispuesta a renunciar a mi papel de víctima. Porque me empeñaba una y otra vez en tener razón. Porque me empeñaba una y otra vez en tener razón y en utilizar las trampas a mi alcance: excusas, quejas, resentimiento, expectativas, autocastigo, autosabotaje.

Pero, con el tiempo aprendí que…

La vida es muy sabía y siempre nos pone

en bandeja aquello que tenemos que aprender

y experimentar, con el único propósito de

despertar y descubrir quiénes somos

y para qué estamos aquí.

Mi vida empezó a cambiar el día que elegí dejar de luchar contra mí misma y perdonarme a mí misma por permitirles a los demás que me hagan daño y que me traten mal. El día que elegí asumir la responsabilidad total y completa de mí vida. Entonces empezó mi proceso de transformación personal.

Sin duda, la frase: “¡Enhorabuena Melania!, ¡Todavía estás a tiempo para seguir desperdiciando tu vida!” se me quedó grabada en mi mente y me ha perseguido durante todos estos años. Incluso, podría decir que de alguna manera ha sido mi salvación. Porque cada vez que me caía, recordaba esa frase… y al día siguiente no me quedaba más remedio que levantarme y seguir adelante.

Hoy día sigo recordando aquella lección que me cambió para siempre y me señaló la forma de reorientar el rumbo.

Después de aquel entrenamiento de desarrollo personal, empecé a investigar más sobre el ser humano y su potencial extraordinario con el único propósito de averiguar 3 cosas: ¿quién soy?, ¿para qué estoy aquí? y ¿cuál es el sentido de mi vida?

Y para acabar, te invito a leer el artículo,  las lecciones más importantes que aprendí en mi proceso de transformación, que terminaron con mi sufrimiento y me dieron el valor de seguir adelante y descubrir quién soy, descubrir el sentido de mi vida.

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Consigue controlar la ira y transformarla en energía positiva

La ira es una de las emociones más nocivas. Puede dañar tus relaciones y llevada a los extremos se convierte en agresividad y violencia. Por eso todos dicen que hay que controlar la ira.

Sin embargo tienes que comprenderla porque es una de emoción básica para el ser humano. La ira tiene que ver con el instinto de conservación, tanto físico como psicológico. El problema es que no sabes canalizarla y es entonces cuando se transforma en violencia.

La importancia de controlar la ira

Para llevar la ira a fines constructivos hay que conocerla y escucharla, como a cualquier emoción.

Cuando conoces la ira te das cuenta de que es una respuesta biológica ante algo que piensas que te puede ocasionar dolor.

Esta respuesta es la que te permite defenderte ante cualquier contratiempo. Lo que ocurre es que, al no saber controlarla, se puede disparar ante estímulos que no supongan ataque, lo cual dificulta las relaciones.

Es por esto que la ira aparece cuando sucede algo fuera de lo que crees que debería suceder y te controla si no eres capaz de gestionar la situación. Y así es como tratas de imponer tu criterio sin atender a razones, lo cual lleva a enfrentamientos que pueden ser tremendamente destructivos hasta contigo mismo.

De hecho, las guerras en el mundo son el reflejo de la ira.

¿Hay que reprimir los ataques de ira?

Quizá pienses que hay que reprimir la ira, pero no se trata de eso. Se trata de evitar que te invada. En lugar de soltar tu ira a los demás, pregúntate qué ha provocado tu enfado y qué ganas dejando que te controle. Responde para ti misma estas preguntas y estarás más cerca de canalizar correctamente tu ira.

Para que la ira no haga daño tienes que ser consciente de que está ahí y cuándo aparece.

Tomar esa consciencia requiere entrenamiento y responsabilidad de tus actos y tus palabras. Si actúas con responsabilidad, no te enfadarás ni culparás a los demás por lo que no sale como te gustaría.

A todos nos han enseñado a ver la ira como algo malo, como la peor emoción que se puede tener. Pero, correctamente gestionada, te da una oportunidad de superarte a ti mismo. Si practicas a diario la gestión de la ira, podrás canalizar la energía negativa que te genera y transformarla en positiva. Podrás crear en lugar de destruir.

¿Te resulta difícil controlar la ira? ¿Te está dando problemas para relacionarte con los demás?

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Una vez te hayas apuntado, cuéntame: ¿qué situaciones despiertan tu ira? ¿Sientes que hay algo que te impide controlarla? Cuéntamelo en los comentarios. Así nos conocemos y me das la oportunidad de ayudarte.

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¿Quieres ser feliz? Transforma las emociones negativas en positivas

Las emociones están presentes en todos tus actos. Y es curioso, pero muchas de nuestras carencias en las relaciones con los demás y con nosotros mismos vienen porque no sabemos regular las emociones.

Uno de los aspectos que yo trabajo en mi desarrollo personal y que recomiendo a todos es la gestión de las emociones. Las emociones son energía que has de canalizar para mejorar las relaciones con los otros y mejorarte a ti mismo.

Las emociones negativas aparecen aunque no lo quieras

La gestión emocional es compleja porque muchas personas por naturaleza tienden a ser negativas o a ignorar sus emociones.

Vivir como si las emociones no existieran significa no escucharlas y si no las escuchas no puedes descifrar la información que te dan.

Otra razón por la que se ignoran las emociones es porque nos educan creyendo que ciertas emociones son malas. Como ejemplo de esto está la ira. Seguro que la reprimes porque siempre te han dicho que es mala. Pero eso no significa que desaparezca, de hecho no desaparece sino que se transforma y así es como con el tiempo deriva en rencor.

Haz una pausa todos los días y escúchate

En cambio, hacer una pequeña pausa en tu día a día y escucharte hará que se conecten tu parte emocional con tu parte racional. Si logras conectar estas dos partes podrás prevenir situaciones problemáticas como las emociones negativas que te paralizan e incluso los comportamientos violentos.

Para conectar con las emociones primero tienes que conectar contigo mismo. Entonces podrás reconocerlas y definirlas. El siguiente paso es descifrar lo que nos quieren decir y para ello tienes que dejarte sentir la emoción. Esto te ayudará a que, cuando llegue, no se manifieste de forma desbocada o agresiva.

Cuando aprender a reconocer tus emociones negativas y analizas por qué se están desencadenando serás capaz de canalizar esa parte destructiva de tal forma que se convierta en constructiva.

Hay muchos hábitos que ayudan a superar las emociones negativas sin contaminar a los demás con ellas. Un ejemplo de estos hábitos es hacer deporte pero cualquier hobby con el que te sientas a gusto te ayudará.

Si te paras a pensar, son muchas las conductas negativas que lanzamos en nuestro día a día: quejas, victimismo, agresiones… Esto ocurre por no saber gestionarlas correctamente. Nuestra vida es un reflejo de cómo sentimos y por tanto tiene efecto en el exterior. Si quieres que ni tú ni tu entorno se vean afectados por tus emociones negativas, debes comprometerte a poner orden en ellas. Y eso solo tú lo puedes hacer.

¿Sientes emociones negativas con frecuencia y pasas tiempo dándoles vueltas? ¿Te gustaría poder controlarlas mejor y transformarlas en algo positivo?

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Amarte a ti mismo: la única forma de dar y recibir amor de forma plena y abundante

Si de verdad quieres saber qué es el amor, empieza por amarte a ti mismo. Esta es una frase muy repetida, pero pocas personas la llevan a la práctica.

Amarte es aceptarte cómo eres, con tus luces y tus sombras. Sin embargo, puede ser una tarea difícil, ya que nos educan para agradar a los demás y conectar con ellos, no para agradarnos a nosotros mismos y vivir alineados con nuestros pensamientos, actos y sentimientos.

Así que con el tiempo te vas dando cuenta de que, a pesar de intentarlo, no consigues agradar a todo el mundo y eso genera insatisfacción debido a que, de alguna manera, tu vida gira en torno a lo piensen de ti.

¿Sientes necesidad de cambio y quieres empezar a amarte a ti mismo como mereces?

Si no te amas acabas sufriendo

No te escuchas, reprimes tus emociones y te distraes por asuntos sin importancia que no aportan nada a tu vida. Eres un mar de expectativas, temores y te cuesta tomar decisiones.

Cuando eres muy joven no te das cuenta, pero en un momento dado abres los ojos y descubres la realidad. Y en ese momento eres consciente de que el hecho de tener que sentirte aceptado y agradar a los demás te produce insatisfacción.

Entonces te das cuenta de que tienes que amarte a ti mismo más allá de lo que piensen los demás de ti, de si consigues o no los resultados que esperan de ti o de si haces o no lo adecuado.

Tú eres valioso y por eso eres digno de amor.

Es importante que aprecies esto, porque supone ir más allá de que el amor hay que ganárselo, que es lo que te han enseñado.

Da un primer paso conectando contigo. Compréndete, respétate y valora lo que necesitas en cada momento. Normalemente no haces caso a esto, no observas lo que te hace falta y por eso toda tu energía se la llevan los demás.

No dejes que los demás se lleven la atención que debes prestarte a ti.

Si sientes que algo te falta cuando prestas más atención a los demás que ti, entonces estás perdiendo tu amor propio.

Amarte a ti mismo es el camino para amar a los demás

Y además también es importante amarte para recibir el amor de otras personas. Si percibes tu propia belleza, estarás receptivo a la belleza de los demás y confiarás en el amor que te ofrecen.

Eres una persona increíble, deslumbrante,  que merece todo el amor del mundo y esto se traduce en armonía y bienestar. Pero lo más importante y lo que más mereces es el amor que profesas hacia ti mismo.

¿Te has pasado la vida intentando agradar a los demás y eso te frustra? ¿Te cuesta amarte a ti misma?

Entonces mi libro Atrévete a tenerlo todo te ayudará. En él te enseño que eres una persona maravillosa, y lo hago bajo mi propia experiencia, ya que fui muy infeliz y todo cambió cuando empecé a amarme.

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Claves para trabajar la autoestima, superar la inseguridad y convertirte en tu mejor versión

¿Alguna vez te has preguntado por qué la mayoría de los niños tienen la autoestima alta y tienen esa facilidad para reír a carcajadas? Si lo comparamos con la edad adulta, estarás de acuerdo conmigo en que la autoconfianza, la seguridad en uno mismo y el empoderamiento personal disminuye. Y a veces lo hace hasta un punto en el que es necesario trabajar la autoestima para mejorarla.

¿Por qué ocurre esto?

Generalmente no es más que un proceso natural. Un niño tiene la autoestima alta y es feliz porque recibe muchos halagos y vive ajeno a los problemas de “la vida real”. Sobre todo cuando son pequeñitos todos reímos con lo que hacen, aplaudimos y les decimos que lo han hecho muy bien. Pero conforme el niño crece todo eso cambia.

Los reveses de la vida merman tu autoestima

Aunque es maravillosa, la vida no es un camino de rosas. Cuando eres pequeño no te das cuenta, pero llega un momento en que topas con algo que no sale como querías o escuchas un juicio o una opinión de alguien de tu entorno más cercano que te hace tambalear emocionalmente por dentro.

Si esas experiencias no son aisladas, pueden influir de forma directa en tu sistema de creencias y valores sobre ti mismo y distorsionar tu percepción sobre lo que mereces y eres capaz de conseguir en la vida. Y vives como un estigma los denominados  fracasos.

A la mayoría de la gente se le olvida que…

Fracasar no es malo; es aprendizaje y experiencia. Lo malo es darle vueltas y permitir que mine tu autoestima.

¿Qué es la autoestima?

Antes de profundizar en la importancia de trabajar la autoestima, vamos a definir qué es exactamente “autoestima”.

La autoestima es la forma en la que te valoras a ti mismo, lo cual incluye la consideración que tienes de tus valores, sentimientos y proyectos.

De esta definición se desprende que conectar con tu autoestima significa dejar atrás las creencias limitantes. Esto, aunque a priori suene sencillo, puede resultar muy difícil para algunas personas, sobre todo si temen enfrentarse a lo establecido.

¿Cómo puedes trabajar la autoestima?

Para trabajar la autoestima lo primero que debes hacer es conocerte y aceptar lo que descubres sobre ti, quién eres y cómo eres.

Se trata de ser consciente de tus talentos y dones innatos y asumir tus limitaciones, pero sin darles más importancia de lo debido. Esto te dará una visión más objetiva de ti mismo, te permitirá cuestionarte y comprometerte con tu desarrollo personal.

Para construir una autoestima sólida necesitas creer en ti.

Deja de sentir la influencia de las opiniones de otros y entonces será cuando tomes las riendas de tu vida. Además te permitirá establecer relaciones basadas en el respeto mutuo.

Pero lo realmente de mejorar la autoestima es que aprendes a amarte. Amarte a ti es el primer paso para amar a los demás y dejar atrás las relaciones tóxicas.

Si te conoces, te aceptas y te quieres, darás lo mejor en cada momento sin importarte lo que se espera de ti. Simplemente serás tú mismo y abrirás la puerta a tu libertad.

¿Sientes que tu autoestima está dañada? ¿Sientes que necesitas mejorarla?

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Y ahora, cuéntame… ¿por qué crees que tienes baja autoestima? Estoy deseando leerte en los comentarios para poder ayudarte.

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Mejora tu bienestar emocional y sé dueño de tu vida

En los últimos años la sociedad ha avanzado mucho en el ámbito técnológico. Digamos que esta evolución es de puertas para afuera. Pero, ¿qué pasa si miras hacia dentro?

No hay más que echar un vistazo a las estadísticas para comprobar que cada vez aumenta más la depresión, el estrés y la ansiedad. Todo esto acaba derivando en enfermedades. Así que, hemos avanzado mucho tecnológicamente pero no como personas. Prueba de ello es que no sabemos crearnos un bienestar emocional.

Cada vez hay más personas buscando su bienestar emocional

De todas formas hay muchas personas que quieren ver la luz por algún lado y ahondar en las causas de su malestar interior para mejorar su situación. En realidad todo se reduce a tener pensamientos positivos y gestionar convenientemente las emociones.

La gestión de las emociones es vital para afrontar los miedos, aumentar la autoestima y ser dueños de nuestras vidas.

Cada vez más personas están dándose cuenta de la necesidad de alcanzar bienestar emocional y empiezan a profundizar en su desarrollo personal. Invertir tiempo en desarrollo personal sirve para conocer y entrenar tus cualidades y habilidades innatas. Gracias a ese entrenamiento podrás desplegar todo tu potencial y mostrar tu mejor versión, dejando a un lado las creencias limitadoras.

Para mejorar tu bienestar emocional tienes que cambiar tu vida

Si quieres evolucionar tienes que cambiar. Vas por la vida sin propósito, con prisas y siendo poco consciente de lo que ocurre en tu interior. Proponte hacer lo contrario, que es actuar con plena consciencia y libertad asumiendo tu responsabilidad personal.

No hay otro camino hacia la evolución como personas que el desarrollo personal.

El desarrollo personal tiene muchas vertientes, pero puedes comenzar trabajando el autoconocimiento y la inteligencia emocional. Somos desconocidos hasta para nosotros mismos por eso comenzar en el camino del autoconomiento es tan fascinante, aunque por otro lado es una lástima que lo descubramos tan tarde.

La autoestima alta te ayudará a hacer frente a los cambios

Cambiar es muy difícil porque todas las personas somos resistentes al cambio. Esto sucede aun cuando las situaciones que vivimos son injustas y lo pasas mal. Te da todavía más miedo el cambio porque piensas que quizá lo que viene va a ser peor.

La forma de vencer el miedo a los cambios es la autoestima.

Si te sientes seguro y capaz de afrontar lo que venga, verás los cambios como retos y motivaciones.

¿Eres una persona a la que le cuestan los cambios? ¿Por qué crees que es así?

Si te identificas con esto que te planteo, puedo ayudarte con mi libro Atrévete a tenerlo todo. En el cuento mi propia historia de superación personal que empezó con mucho sufrimiento y conseguí superar con aprendizaje e identificando mi propósito en la vida.

Y ahora, cuéntame: ¿crees que no puedes cambiar tus circunstancias ni la actitud que tomas frente a ellas? Te agradeceré que me pongas un comentario, así puedo conocerte y ayudarte.

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Cómo aprender a perdonar y quitarte el peso del rencor

Uno de los fenómenos más frecuentes en nuestra vida es el conflicto. Se inicia cuando alguien te hace algo que consideras injusto y, por tanto, te enfadas. En ocasiones, ese enfado se diluye con el tiempo, pero otras veces el malestar continúa transformándose en rencor.

Resolver los conflictos es francamente difícil y la realidad es que la infelicidad de muchas personas viene por la gran cantidad de conflictos mal gestionados que han acumulado. ¿Cómo se pueden solucionar esas situaciones? Solo hay una forma: aprender a perdonar.

Para aprender a perdonar tienes que saber cómo te afecta el rencor

Todos somos diferentes. Tu forma de pensar, sentir o actuar es distinta de la de otras personas, lo cual es una fuente de enriquecimiento personal entre unos y otro, pero también es un pozo de malentendidos que muchas veces derivan en conflictos.

Cuando el conflicto no se resuelve, puede surgir rencor.

Las personas más propensas a desarrollarlo son las que se toman ciertos comentarios o acciones como ofensas personales hacia ellos.

El rencor es la herida que supura y no se cura nunca. Tienes grabada a fuego esa ofensa y la recuerdas constantemente, lo cual te hace infeliz y afecta negativamente a tus relaciones. Incluso te lleva a protegerte para no sentir dolor de nuevo, pero eso tampoco es positivo en tu interacción con los demás.

¿Cómo puedes dejar a un lado el rencor?

La única forma es aprender a perdonar; pero cuidado con esto. Muchos dicen que perdonan, pero no olvidan; y no, esto no es perdonar.

El perdón ha de ser sincero, interno y completo. Es importante ponerse en los zapatos de la persona que te ha ofendido para saber cómo siente y ser capaz de mirar con ojos nuevos esas palabras y acciones que te afectaron. Entonces te darás cuenta de que quizá esa persona no actuó con maldad, sino más bien de forma ignorante o inconsciente.

El perdón libera el rencor acumulado.

Se trata de una decisión que tomas conscientemente, la cual nace de la comprensión. Cuando perdonas de verdad te das la oportunidad de liberarte y avanzar.

¿Por qué cuesta tanto perdonar?

Es curioso que el perdón sea tan difícil teniendo en cuenta sus beneficios. Pero es así: perdonar cuesta porque en muchas ocasiones el orgullo y el ego pueden con nosotros. En este caso, has de darte cuenta que si perdonas vas a salir ganando. Te vas a liberar de la carga emocional negativa que bloquea tus relaciones.

Aprende a perdonar, esfuérzate para lograrlo. Es uno de los mejores regalos que puedes hacerte a ti y hacer a los demás.

¿Existen personas a las que guardas rencor y te invade un sentimiento negativo cuando las ves? ¿Te gustaría perdonarlas, pero te resulta imposible?

Descárgate mi audio El poder del perdón. En él te enseño a liberarte de la culpa y el dolor para que camines hacia tu futuro disfrutando de la vida.

Cuando hayas escuchado el audio, cuéntame: ¿qué te impide perdonar? ¿Cómo te sentirías si perdonaras? Déjame un comentario con tu experiencia y así puedo conocerte y ayudarte.

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Cómo afrontar los miedos y evitar que te paralicen

El miedo es una sensación física innata y necesaria para la supervivencia. ¿Alguna vez has pensado que es malo sentir miedo o te has sentido mal contigo por no saber cómo afrontar los miedos? Pues te digo desde ya que ni es malo ni debe preocuparte, porque ese temor es lo que te protege de un potencial peligro.

Ahora bien… ¿cuántas veces has sentido miedo porque tu vida estaba en peligro?

Posiblemente pocas o ninguna. Pero miedo has sentido en muchas ocasiones a lo largo de tu vida.

Por eso, en este artículo quiero hablarte de otro tipo de miedo: el que se adentra en el terreno de lo emocional. Este miedo emocional es el que marca tus decisiones y puede ser muy dañino.

Es necesario afrontar los miedos para ser tú mismo y desarrollarte en plenitud

Si reflexionas sobre la cantidad de cosas que has dejado de hacer por miedo, apuesto a que podrías hacer una lista bastante larga. Y es que el miedo es la parálisis que te impide dar rienda suelta a tu verdadero potencial.

Tener miedo es atarte corto. Y si estás atada, no puedes desarrollar tus aspiraciones profesionales ni relacionarte con las personas que querrías. En definitiva, no tienes una vida auténtica.

Pero aunque tu vida se vea muy limitada, es muy posible que ni siquiera seas consciente de ello, porque sientes seguridad. Claro, es normal: salir de la zona de confort y enfrentarse a nuevos retos y desafíos personales no es fácil.

Imagina esta situación: te gustaría comenzar tu propio negocio, pero no lo haces porque te da miedo, así que acabas trabajando en una empresa (aunque el trabajo no te haga feliz) y piensas que es lo mejor porque es más seguro.

Tener miedo es vender tu libertad a cambio de seguridad.

Entiendo que te cueste reconocerlo y afrontar los miedos. Y lo entiendo porque a mí también me pasó. Por eso, hoy puedo decirte que tu vida se basa en la incertidumbre y el cambio constante. Cuando eres capaz de aceptar ese punto de inseguridad es cuando conectas con la verdadera libertad.

¿Cómo puedo afrontar los miedos?

Los seres humanos desarrollamos muchos temores que se sostienen en nuestro sistema de creencias. Por ello, la única manera de superarlos es mirando en tu interior y dialogando contigo misma. Entonces verás que las situaciones que más temes son aquellas que no dependen de ti.

Para tener los temores a raya solo hay un antídoto: la confianza.

Si crees en ti te centrarás en lo que te motiva y seguirás tu camino a pesar de los riesgos. Esta es la actitud que te ayudará a centrarte en aquello que sí depende de ti.

Vencer los temores requiere valor. Aunque no lo parezca, armarse de valor es conectar con tus valores. De ahí la importancia del desarrollo personal para descubrirlos. Una vez los hayas descubierto, vivirás en consonancia con ellos, derribando la coraza de los miedos y creencias limitantes.

Es difícil controlar el miedo. Pero también está en tus manos abordar la incertidumbre como una forma de aprender y crecer.

¿Te consideras una persona insegura y miedosa? ¿Quieres saber cómo afrontar los miedos que te paralizan?

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Después de apuntarte al curso, reflexiona por un momento: ¿a qué tienes miedo ahora mismo? ¿Se trata de un miedo que puedes controlar o te está bloqueando? Me encantará que me dejes un comentario compartiendo ese sentimiento conmigo. Así podré aconsejarte.

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Vence tu miedo al rechazo y muestra al mundo tu verdadero “yo”

Hace unos días recordaba las veces que me he sentido rechazada. Cuando sufría alguna experiencia en la que los demás no me aceptaban me acababa sintiendo triste e insegura. No quería que aquello se volviera a repetir y por ello desarrollé miedo al rechazo.

La posibilidad de rechazo te acompaña cada vez que te muestras vulnerable. Puede ser con tu pareja, tus compañeros de trabajo, tus amigos e incluso tu familia más cercana.

¿Qué es el rechazo y por qué le tenemos miedo?

Rechazar es excluir a una persona de forma deliberada. Hay rechazos evidentes y otros más sutiles. Un ejemplo de rechazo evidente es el bullying y otro de rechazo sutil es simplemente ignorar a una persona.

Si sufres rechazo sientes vergüenza y tristeza, lo que te lleva a sentir miedos e inseguridades.

En esa amalgama de sentimientos oscuros acabas preguntándote: ¿por qué me rechazan?

El miedo al rechazo y la necesidad de ser aceptados

El temor al rechazo comienza con el miedo a mostrarte como eres. Dicho miedo va unido a la necesidad de sentirte apreciado por las personas cercanas.

¿Cómo lo combates?

Pues seguramente intentas agradar por evitar el rechazo y para ello llegas a contradecir tus principios. Incluso en ocasiones eres tú quien rechaza para evitar que te rechacen.

No obstante, la raíz del rechazo está es ti mismo. Si lo piensas, verás que repudias y escondes ciertos aspectos tuyos que te da miedo que los demás descubran y conozcan.

Cierto es que no puedes gustar a todos y te pueden rechazar. Pero tomártelo de una forma u otra depende de ti. Convendría que te hicieras la siguiente pregunta:

¿Me considero una persona digna de ser aceptada?

Mucho de lo que sucede en tu interior sale al exterior. Por eso, si no te sientes digno de aceptación, recrearás situaciones en tu vida que te lo confirmarán.

¿Cómo puedes superar el miedo al rechazo?

Lo primero que debes hacer es conocerte y aceptarte. Deja de estar continuamente alerta para evitar salirte de ciertos límites establecidos.

De esta forma cambiará la relación que tienes contigo mismo. Si transformas dicha relación, cambiará tu forma de relacionarte con los demás.

Al igual que otros te aceptan o te rechazan, tú también puedes hacer que una persona se sienta excluida o integrada.

Por tanto, acoge a los demás como te gusta que hagan contigo. De esta forma superas el miedo al rechazo aceptándote como eres y aceptando a los demás.

¿Te gustaría apartar ese miedo al rechazo que condiciona tus relaciones?

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Aprenderás a aceptarte como eres y evitar caer en un victimismo cómodo. Solo tú eres responsable de romper las cadenas que te impiden ser tú mismo para lograr la aceptación de los demás.

Después de apuntarte, piensa: ¿el miedo al rechazo determina tus relaciones? ¿Qué te aporta compararte con los demás? Me gustaría que lo compartieras conmigo en la zona de comentarios.

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