Cómo convertí el miedo a hablar en público en una oportunidad

Recuerdo la primera vez que me lancé a superar mi miedo a hablar en público, como uno de los peores momentos de mi vida. No porque lo pasara mal. Sino porque no lo conseguí.

En 2011, me había apuntado a un taller práctico que se titulaba “Levántate y habla”, dispuesta a adquirir las habilidades que me permitirían superar el terror que me inspiraba hablar en público.

Llegó el gran día. Me senté junto a un grupo muy variado de personas —desde comerciales hasta directivos—, impaciente por aprender por fin las técnicas que me permitirían perder el miedo a hablar en público. La persona que impartía el taller nos explicó la temática y los contenidos: había una parte teórica con técnicas y herramientas para adquirir confianza y seguridad; y una parte práctica: en esta, cada participante tendría que salir y hablar delante de todos durante cinco minutos sobre el tema que escogiera.

Al principio pensé que sería divertido experimentar algo nuevo, pero poco a poco, mientras escuchaba y tomaba notas, la voz del miedo se apoderó de mí y el mecanismo se puso en marcha. Mis manos empezaron a sudar, mis piernas a temblar y un nudo en el estómago se fue encargando de encogérmelo. El pánico se apoderó de mí. El simple hecho de imaginarme delante de aquel grupo de desconocidos significaba una catástrofe de proporciones mayúsculas. La única opción a mi alcance era escapar lo antes posible.

En la primera pausa cogí el bolso y me fui al baño para refrescarme un poco la cara. Traté de tranquilizarme y de reunir fuerzas para controlar mi nerviosismo. Volvería a la sala, todo iba a ir bien. Sin embargo, al salir, mis piernas y mi cuerpo, en vez de tomar a la derecha hacia el aula, giraron a la izquierda y me sacaron del edificio.

El miedo había vencido una vez más. Y tras el miedo, el autocastigo por no haber podido superarlo.

Durante mucho tiempo no se lo conté a nadie. Era una pesadilla. Pero estaba dispuesta a encontrar la solución, el antídoto.

Hoy, doy conferencias y charlas ante decenas de personas. Y a pesar de lo vulnerable que me siento cuando vuelvo a hablar en público, he podido superar mis límites y convertir mi miedo a hablar en público en una oportunidad para conocer quién soy realmente, liberar todo mi potencial y ser consciente de todas las posibilidades maravillosas que la vida dispone ante mis ojos.

Estoy segura de que tú también puedes convertir tu miedo a hablar en público en una oportunidad. ¿Quieres saber cómo?

Todo empieza por un cambio. Y no es un cambio titánico, ni extremadamente complicado. Es algo que puede empezar muy poquito a poco: tienes que modificar la forma de hablar contigo mismo y hablar de ti a los demás.

Pero para ello deber conocer cuál es tu Mecanismo del miedo©. Aquello que te lleva a huir, que hace que salgas de la habitación sin poder hacer nada para evitarlo. Para superarlo.

Imagen - Mecanismo del miedo©

Porque tras el miedo a hablar en público hay otro más profundo, arraigado en nuestra memoria, nuestra experiencia. Todos tenemos uno. El mío era “miedo a ser invisible”. Si aún no sabes cuál es el tuyo, contacta conmigo y lo descubriremos juntos.

El Mecanismo del miedo© es un círculo vicioso, un ciclo de eventos en los que la solución aparente a un problema causa un nuevo problema que te devuelve al problema original.

Cada uno de nosotros tiene un Mecanismo del miedo© individual anclado en cuatro pilares que lo vuelven muy estable: la herencia familiar, el sistema de creencias sostenido generación tras generación, las heridas emocionales de la infancia y las propias experiencias.

Conoces la voz del miedo, ¿verdad?

Es esa voz que te dice “no lo mereces”, o “no lo vas a conseguir” o “no vales suficientemente”. Quizás tú la conoces por otro nombre. Quizás llamas a esa voz “ser realista”, o “ser precavido” o incluso “ser listo”. Pero la verdad es que es la voz del miedo.

Y el primer paso para reducir su dominio sobre ti es identificarla y reconocer lo que dice.

El segundo paso es agradecerle su preocupación por ti. En última instancia su objetivo es protegerte, aun a costa de limitarte, de cortar tus alas. Y forma parte de ti. Abrázala como tal.

Y por último, déjala marchar. demuestra que no la necesitas. Que eres lo suficientemente fuerte para afrontar lo que venga.

Realizando esos tres pasos, verás como la voz del miedo pierde fuerza poco a poco y se va transformando en seguridad a la hora de enfrentar nuevos retos. Cómo tus límites se convierten en el motor que te da potencia para despegar.

Una vez que identificas y aceptas tu miedo, el paso siguiente es disponerte a hacer un trabajo interior:

a) Cuestionar tus creencias y verdades sobre ciertas cosas;

b) Renunciar a tu verdad absoluta sobre algo y aceptar que no es la única verdad;

c) Elegir tu nueva experiencia. 

Pero el proceso no termina aquí. Porque la consecuencia del miedo era el autocastigo, ¿recuerdas?

Para desarmar para siempre el miedo y convertirlo en los cimientos de lo que puedes llegar a ser, debes transformar ese autocastigo en reconocimiento.

Reconocerte a ti mismo por lo que haces te ayuda a dominar el miedo, aumenta tu conciencia de quien realmente eres y te motiva a seguir adelante y emprender acciones en otra dirección.

Pon en valor cada gesto de coraje que realices, cada instante en el que desafías tus límites y los superas. Por pequeño que sea. Escribe cada día, de tres a cinco reconocimientos:

“Hoy me reconozco a mí mismo por…”

Cuando consigas practicar el reconocimiento contigo mismo, reconoce también a los demás. Gratificarles, hacerles saber que son importantes, que las cosas que hacen son importantes, es el mejor regalo que se le puede hacer a una persona.

Comprométete contigo mismo y con este cambio. Sé firme y paciente. Reconócete y reconoce a los que te rodean. Y entonces podrás decir que estás dominando tu miedo. Que trabaja para ti. Y te empodera para seguir creciendo. Para ser cada día un poco mejor.

Y si necesitas ayuda para conseguirlo, no dudes en escribirme (info@melaniagarbu.com). Juntos, convertiremos tus límites en dos poderosas alas con las que volar libre.

Me encantará leerte en los comentarios.

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Una lección valiosa que cambió el destino de mi vida

Recordaré siempre la experiencia magnífica de mi primer seminario de desarrollo personal y la lección valiosa que recibí; una lección que cambió el rumbo de mi vida, aunque entonces no fuera capaz de verlo así.

En el año 2009, después de casi un año de lucha, que fue el periodo que duró el divorcio, un día me encontré por la calle a una amiga, que hace años que no veía. Sabía que había pasado por una situación personal muy complicada, unos años atrás, pero en aquel momento estaba radiante y se veía feliz y en paz con ella misma.

Me sorprendió tanto su cambio, que quise saber cómo lo había conseguido. Así que, nos fuimos a tomar un café y entre otras cosas, me habló de un entrenamiento de desarrollo personal que hizo y que según ella, le había cambiado la vida.

No me lo pensé dos veces y en ese mismo momento decidí inscribirme al próximo entrenamiento. Pero, tenía un problema. No tenía suficiente dinero para pagar el curso. Pero ese obstáculo, no me detuvo. Estaba tan desesperada por salir de aquella situación, que se me ocurrió vender parte de mis joyas para poder pagar el curso. ¡Y lo hice!

¡Llegó el gran día! Y nada más empezar el curso, nos dijeron cuál eran las reglas del entrenamiento. La que más me llamó la atención, fue la siguiente: “prohibido hablar de los demás”. Cuando lo oí me puse hecha una furia y pensé: «¡Están locos! Si no puedo hablar de los demás, ¿a quién le echaré la culpa por todas mis desgracias? Mis desgracias no me las he buscado yo. Siempre son otros los causantes». Estaba destrozada.

El primer día del entrenamiento me resultó muy incómodo. Por primera vez se trataba de mi misma y no de los demás. Por un instante tuve que ser honesta conmigo misma y reconocer que algo me pasaba que me bloqueaba y me impedía estar en paz. Era un hecho que ni podía ser feliz ni disfrutaba de la vida. No obstante, me resistía con todas mis fuerzas a asumir aquella responsabilidad, a tener la valentía necesaria para abandonar mi espacio de seguridad ficticia. La zona de confort —desde mi punto de vista, mal llamada así— es, en realidad, un lugar conocido, pero poco amparador. Solo que… resulta tan familiar… Sucede como con el animal habituado al maltrato: le duele, pero, tristemente, está en un territorio que conoce.

En medio de aquel malestar pasaron los dos primeros días. Al tercero, me presenté media hora antes para hablar con el líder, una mujer carismática de unos cincuenta años que enseguida me llamó la atención. Me acerqué, le dije quién era, que mi vida apestaba —en una palabra— y que yo había entendido que ese seminario me la iba a cambiar. En mi desesperación e ingenuidad, supuse que por el simple hecho de participar y sin hacer nada más, alguien externo me iba a solucionar los problemas y a cambiarme la vida. ¡Qué equivocada estaba! Ahora lo pienso y me produce ternura.

Y mientras le hablaba, de repente, la mujer me detuvo, me miró a los ojos y me preguntó: «Melania, ¿cuántos años tienes?»

Yo, encantada de que por fin se estuviera interesando en mí, respondí: tengo treinta y seis. Ella dijo, a su vez: «¡Enhorabuena Melania!, todavía estas a tiempo de seguir desperdiciando tu vida».

Se dio la vuelta y se marchó.

Me quedé de piedra. Muda. Y con cada minuto que pasaba, mi rabia y mi frustración aumentaban. Acabé el seminario, pero mi vida no cambió.

¿Sabes por qué?

  1. Primero, porque no me estaba haciendo la pregunta correcta. Yo quería saber por qué me habían pasado a mí todos aquellos desastres, cuando la pregunta correcta era para qué todo aquello y para qué precisamente a mí. ¿Cuál era el aprendizaje que había detrás? ¿Cómo dejar de obsesionarme con mi dolor y mi frustración y comenzar a reconocer todas las cosas buenas que me rodeaban?
  2. Segundo, porque todavía no estaba dispuesta a renunciar a mi papel de víctima. Porque me empeñaba una y otra vez en tener razón. Porque me empeñaba una y otra vez en tener razón y en utilizar las trampas a mi alcance: excusas, quejas, resentimiento, expectativas, autocastigo, autosabotaje.

Pero, con el tiempo aprendí que…

La vida es muy sabía y siempre nos pone

en bandeja aquello que tenemos que aprender

y experimentar, con el único propósito de

despertar y descubrir quiénes somos

y para qué estamos aquí.

Mi vida empezó a cambiar el día que elegí dejar de luchar contra mí misma y perdonarme a mí misma por permitirles a los demás que me hagan daño y que me traten mal. El día que elegí asumir la responsabilidad total y completa de mí vida. Entonces empezó mi proceso de transformación personal.

Sin duda, la frase: “¡Enhorabuena Melania!, ¡Todavía estás a tiempo para seguir desperdiciando tu vida!” se me quedó grabada en mi mente y me ha perseguido durante todos estos años. Incluso, podría decir que de alguna manera ha sido mi salvación. Porque cada vez que me caía, recordaba esa frase… y al día siguiente no me quedaba más remedio que levantarme y seguir adelante.

Hoy día sigo recordando aquella lección que me cambió para siempre y me señaló la forma de reorientar el rumbo.

Después de aquel entrenamiento de desarrollo personal, empecé a investigar más sobre el ser humano y su potencial extraordinario con el único propósito de averiguar 3 cosas: ¿quién soy?, ¿para qué estoy aquí? y ¿cuál es el sentido de mi vida?

Y para acabar, te invito a leer el artículo,  las lecciones más importantes que aprendí en mi proceso de transformación, que terminaron con mi sufrimiento y me dieron el valor de seguir adelante y descubrir quién soy, descubrir el sentido de mi vida.

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Claves para trabajar la autoestima, superar la inseguridad y convertirte en tu mejor versión

¿Alguna vez te has preguntado por qué la mayoría de los niños tienen la autoestima alta y tienen esa facilidad para reír a carcajadas? Si lo comparamos con la edad adulta, estarás de acuerdo conmigo en que la autoconfianza, la seguridad en uno mismo y el empoderamiento personal disminuye. Y a veces lo hace hasta un punto en el que es necesario trabajar la autoestima para mejorarla.

¿Por qué ocurre esto?

Generalmente no es más que un proceso natural. Un niño tiene la autoestima alta y es feliz porque recibe muchos halagos y vive ajeno a los problemas de “la vida real”. Sobre todo cuando son pequeñitos todos reímos con lo que hacen, aplaudimos y les decimos que lo han hecho muy bien. Pero conforme el niño crece todo eso cambia.

Los reveses de la vida merman tu autoestima

Aunque es maravillosa, la vida no es un camino de rosas. Cuando eres pequeño no te das cuenta, pero llega un momento en que topas con algo que no sale como querías o escuchas un juicio o una opinión de alguien de tu entorno más cercano que te hace tambalear emocionalmente por dentro.

Si esas experiencias no son aisladas, pueden influir de forma directa en tu sistema de creencias y valores sobre ti mismo y distorsionar tu percepción sobre lo que mereces y eres capaz de conseguir en la vida. Y vives como un estigma los denominados  fracasos.

A la mayoría de la gente se le olvida que…

Fracasar no es malo; es aprendizaje y experiencia. Lo malo es darle vueltas y permitir que mine tu autoestima.

¿Qué es la autoestima?

Antes de profundizar en la importancia de trabajar la autoestima, vamos a definir qué es exactamente “autoestima”.

La autoestima es la forma en la que te valoras a ti mismo, lo cual incluye la consideración que tienes de tus valores, sentimientos y proyectos.

De esta definición se desprende que conectar con tu autoestima significa dejar atrás las creencias limitantes. Esto, aunque a priori suene sencillo, puede resultar muy difícil para algunas personas, sobre todo si temen enfrentarse a lo establecido.

¿Cómo puedes trabajar la autoestima?

Para trabajar la autoestima lo primero que debes hacer es conocerte y aceptar lo que descubres sobre ti, quién eres y cómo eres.

Se trata de ser consciente de tus talentos y dones innatos y asumir tus limitaciones, pero sin darles más importancia de lo debido. Esto te dará una visión más objetiva de ti mismo, te permitirá cuestionarte y comprometerte con tu desarrollo personal.

Para construir una autoestima sólida necesitas creer en ti.

Deja de sentir la influencia de las opiniones de otros y entonces será cuando tomes las riendas de tu vida. Además te permitirá establecer relaciones basadas en el respeto mutuo.

Pero lo realmente de mejorar la autoestima es que aprendes a amarte. Amarte a ti es el primer paso para amar a los demás y dejar atrás las relaciones tóxicas.

Si te conoces, te aceptas y te quieres, darás lo mejor en cada momento sin importarte lo que se espera de ti. Simplemente serás tú mismo y abrirás la puerta a tu libertad.

¿Sientes que tu autoestima está dañada? ¿Sientes que necesitas mejorarla?

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Y ahora, cuéntame… ¿por qué crees que tienes baja autoestima? Estoy deseando leerte en los comentarios para poder ayudarte.

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Mejora tu bienestar emocional y sé dueño de tu vida

En los últimos años la sociedad ha avanzado mucho en el ámbito técnológico. Digamos que esta evolución es de puertas para afuera. Pero, ¿qué pasa si miras hacia dentro?

No hay más que echar un vistazo a las estadísticas para comprobar que cada vez aumenta más la depresión, el estrés y la ansiedad. Todo esto acaba derivando en enfermedades. Así que, hemos avanzado mucho tecnológicamente pero no como personas. Prueba de ello es que no sabemos crearnos un bienestar emocional.

Cada vez hay más personas buscando su bienestar emocional

De todas formas hay muchas personas que quieren ver la luz por algún lado y ahondar en las causas de su malestar interior para mejorar su situación. En realidad todo se reduce a tener pensamientos positivos y gestionar convenientemente las emociones.

La gestión de las emociones es vital para afrontar los miedos, aumentar la autoestima y ser dueños de nuestras vidas.

Cada vez más personas están dándose cuenta de la necesidad de alcanzar bienestar emocional y empiezan a profundizar en su desarrollo personal. Invertir tiempo en desarrollo personal sirve para conocer y entrenar tus cualidades y habilidades innatas. Gracias a ese entrenamiento podrás desplegar todo tu potencial y mostrar tu mejor versión, dejando a un lado las creencias limitadoras.

Para mejorar tu bienestar emocional tienes que cambiar tu vida

Si quieres evolucionar tienes que cambiar. Vas por la vida sin propósito, con prisas y siendo poco consciente de lo que ocurre en tu interior. Proponte hacer lo contrario, que es actuar con plena consciencia y libertad asumiendo tu responsabilidad personal.

No hay otro camino hacia la evolución como personas que el desarrollo personal.

El desarrollo personal tiene muchas vertientes, pero puedes comenzar trabajando el autoconocimiento y la inteligencia emocional. Somos desconocidos hasta para nosotros mismos por eso comenzar en el camino del autoconomiento es tan fascinante, aunque por otro lado es una lástima que lo descubramos tan tarde.

La autoestima alta te ayudará a hacer frente a los cambios

Cambiar es muy difícil porque todas las personas somos resistentes al cambio. Esto sucede aun cuando las situaciones que vivimos son injustas y lo pasas mal. Te da todavía más miedo el cambio porque piensas que quizá lo que viene va a ser peor.

La forma de vencer el miedo a los cambios es la autoestima.

Si te sientes seguro y capaz de afrontar lo que venga, verás los cambios como retos y motivaciones.

¿Eres una persona a la que le cuestan los cambios? ¿Por qué crees que es así?

Si te identificas con esto que te planteo, puedo ayudarte con mi libro Atrévete a tenerlo todo. En el cuento mi propia historia de superación personal que empezó con mucho sufrimiento y conseguí superar con aprendizaje e identificando mi propósito en la vida.

Y ahora, cuéntame: ¿crees que no puedes cambiar tus circunstancias ni la actitud que tomas frente a ellas? Te agradeceré que me pongas un comentario, así puedo conocerte y ayudarte.

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Descubre cómo funciona la mente y controla tus pensamientos

¿Sientes que estás todo el día dándo vueltas la cabeza? Dejar de pensar es imposible, pero lo peor es que la mayoría de los pensamientos que te vienen son negativos.

Estar siempre pensando en negativo es agobiante. Lo sé porque tuve una época en la que me rondaban muchos pensamientos negativos, no sabía cómo quitármelos de encima y me hacía sentir mal. Frustrada. Insatisfecha.

En aquel momento me preguntaba: ¿cómo puedo dejar de pensar así?

Tras un tiempo, me di cuenta de que la única forma es saber cómo funciona la mente. Si conoces el funcionamiento de tus procesos mentales podrás controlar cómo piensas. Y en este artículo te voy a orientar para que sepas hacerlo.

La importacia de saber cómo controlar tus pensamientos

Si quieres un estado mental equilibrado para afrontar de forma más positiva tus retos y dificultades, tienes que saber cómo regular los pensamientos.

El fundamento de nuestras palabras, acciones y actitudes está en el pensamiento.

Los pensamientos pueden ser positivos o negativos y según cómo sean la emoción que se genera en tu interior es diferente. Por tanto, lo que pensamos y cómo pensamos determina cómo vivimos.

Cómo funciona la mente: lo negativo domina a lo positivo

Pero ¿por qué nos vienen pensamientos negativos en lugar de positivos? Pues porque es lo más fácil, lo que requiere menos esfuerzo. A esto se suma el estar condicionados por las creencias y la escala de valores que desde nuestro entorno se nos ha inculcado.

Para cambiar los pensamientos necesitas entender cómo funciona la mente

Los pensamientos negativos se pueden controlar pero hay que tener mucha fuerza de voluntad. Empieza observándote y trabajando tu interior. Aunque pienses que no tienes tiempo, dedica un momento cada día a ti mismo. Esto es un primer paso para que te entrenes en la meditación, lo cual requiere compromiso y entrenamiento.

Una forma de frenar los pensamientos negativos

Puedes comenzar con el siguiente ejercicio: empieza relajándote y respirando hondo. Pon atención a los pensamientos que te van llegando y acéptalos. Poco a poco tu mente se irá serenando.

El objetivo es que consigas un momento en el que no pienses casi en nada. En este momento puedes intentar recordar un acontecimiento feliz de tu vida, así como si lo estuvieras viviendo de nuevo. Seguramente acabarás sonriendo.

Si entrenas tu mente adecuadamente podrás escoger cómo y qué quieres pensar. Solo así podrás mantener una mente equilibrada y sentirte feliz con lo que te rodea.

¿Quieres alejar de tu mente los pensamientos negativos? Aunque estés viviendo situaciones difíciles, ¿te gustaría ser capaz de sacar el lado positivo de ellas?

Únete a mi seminario Atrévete a ser libre, abundante y feliz. Te recreas excesivamente en pensamientos negativos porque tus creencias te impiden creer en ti. En mi seminario te guiaré para que encuentres el sentido a tu vida y la confianza en ti.

Cuando te hayas apuntado, cuéntame: ¿cuáles son los pensamientos que más daño te hacen? ¿Por qué crees que no eres capaz de quitártelos de la cabeza?

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Cómo afrontar los miedos y evitar que te paralicen

El miedo es una sensación física innata y necesaria para la supervivencia. ¿Alguna vez has pensado que es malo sentir miedo o te has sentido mal contigo por no saber cómo afrontar los miedos? Pues te digo desde ya que ni es malo ni debe preocuparte, porque ese temor es lo que te protege de un potencial peligro.

Ahora bien… ¿cuántas veces has sentido miedo porque tu vida estaba en peligro?

Posiblemente pocas o ninguna. Pero miedo has sentido en muchas ocasiones a lo largo de tu vida.

Por eso, en este artículo quiero hablarte de otro tipo de miedo: el que se adentra en el terreno de lo emocional. Este miedo emocional es el que marca tus decisiones y puede ser muy dañino.

Es necesario afrontar los miedos para ser tú mismo y desarrollarte en plenitud

Si reflexionas sobre la cantidad de cosas que has dejado de hacer por miedo, apuesto a que podrías hacer una lista bastante larga. Y es que el miedo es la parálisis que te impide dar rienda suelta a tu verdadero potencial.

Tener miedo es atarte corto. Y si estás atada, no puedes desarrollar tus aspiraciones profesionales ni relacionarte con las personas que querrías. En definitiva, no tienes una vida auténtica.

Pero aunque tu vida se vea muy limitada, es muy posible que ni siquiera seas consciente de ello, porque sientes seguridad. Claro, es normal: salir de la zona de confort y enfrentarse a nuevos retos y desafíos personales no es fácil.

Imagina esta situación: te gustaría comenzar tu propio negocio, pero no lo haces porque te da miedo, así que acabas trabajando en una empresa (aunque el trabajo no te haga feliz) y piensas que es lo mejor porque es más seguro.

Tener miedo es vender tu libertad a cambio de seguridad.

Entiendo que te cueste reconocerlo y afrontar los miedos. Y lo entiendo porque a mí también me pasó. Por eso, hoy puedo decirte que tu vida se basa en la incertidumbre y el cambio constante. Cuando eres capaz de aceptar ese punto de inseguridad es cuando conectas con la verdadera libertad.

¿Cómo puedo afrontar los miedos?

Los seres humanos desarrollamos muchos temores que se sostienen en nuestro sistema de creencias. Por ello, la única manera de superarlos es mirando en tu interior y dialogando contigo misma. Entonces verás que las situaciones que más temes son aquellas que no dependen de ti.

Para tener los temores a raya solo hay un antídoto: la confianza.

Si crees en ti te centrarás en lo que te motiva y seguirás tu camino a pesar de los riesgos. Esta es la actitud que te ayudará a centrarte en aquello que sí depende de ti.

Vencer los temores requiere valor. Aunque no lo parezca, armarse de valor es conectar con tus valores. De ahí la importancia del desarrollo personal para descubrirlos. Una vez los hayas descubierto, vivirás en consonancia con ellos, derribando la coraza de los miedos y creencias limitantes.

Es difícil controlar el miedo. Pero también está en tus manos abordar la incertidumbre como una forma de aprender y crecer.

¿Te consideras una persona insegura y miedosa? ¿Quieres saber cómo afrontar los miedos que te paralizan?

Apúntate a mi Curso online Superando el miedo. Con él te enseñaré a dejar de sentir esos temores que te tienen encarcelado dentro de tus creencias limitantes.

Después de apuntarte al curso, reflexiona por un momento: ¿a qué tienes miedo ahora mismo? ¿Se trata de un miedo que puedes controlar o te está bloqueando? Me encantará que me dejes un comentario compartiendo ese sentimiento conmigo. Así podré aconsejarte.

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Creencias potenciadoras: la llave que te permitirá conquistar tus sueños

Cuando hablo a la gente de creencias, muchos siguen asociándolas con las religiosas. Es así, pero hay muchas más. Para trabajar tu desarrollo personal debes tener en cuenta 2 tipos fundamentales de creencias: las creencias potenciadoras y las limitantes.

Una creencia es más poderosa de lo que piensas

Las creencias son capaces de mover a millones de personas, tanto para lo bueno como para lo malo. Unas veces las vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida y otras las tenemos ahí desde que nacemos, porque las aprendemos de pequeños, a partir de nuestro entorno más cercano: familia, amigos y escuela.

Estas creencias heredadas del ámbito familiar son bastante fuertes y funcionan como el filtro mental a través del cual se comprende la realidad. Además, conforme vamos acumulando experiencias hay otra serie de creencias que vas añadiendo a las familiares. Te dejo dos ejemplos concretos de creencias adquiridas para que lo veas más claro:

  • “Se me da mal el deporte”.
  • “No te puedes fiar ni de los amigos”.

Fíjate que los ejemplos son negativos, y lo he hecho así para que veas hasta qué punto determinan como te ves a ti mismo y te relacionas con los demás. Por ejemplo, si crees que se te da mal el deporte, no lo practicarás aunque te apetezca. Del mismo modo, pensar que no te puedes fiar de los amigos es determinante para relacionarte de una forma u otra con ellos.

Reflexiona sobre tus creencias

Aunque no seas consciente de ellas, tienes un montón de creencias. Piensa cuáles son y escríbelas. Ahora, reflexiona: ¿me resulta útil pensar así? ¿Me hace feliz?

“Si crees que puedes, estás en lo cierto. Si por el contrario crees que no puedes, también estás en lo cierto”, Anthony de Mello

El sentido que tiene esta frase de Anthony de Mello es que un hecho podemos interpretarlo de muchas formas diferentes y eso depende de ti mismo.

Transforma tus creencias limitantes en creencias potenciadoras

Puedes tener la creencia limitadora de que se te da mal el deporte. O bien la creencia potenciadora pensando que hacer deporte es bueno y que si te apetece lo vas a hacer.

La creencia limitante te resta capacidad. Si la cambias por creencias potenciadoras tendrás confianza en ti.

Y aunque no lo creas, todo esto te ayudará a afrontar con éxito muchas situaciones complicadas.

Antes te comentaba que analizases tus creencias y las apuntases. Ahora ya puedes dar un paso más, que se trata de transformar las creencias negativas en potenciadoras. No te lo tomes como algo sin fecha. Hazlo ya y te aseguro que los resultados llegarán a corto plazo.

¿Vives inmerso en una serie de creencias limitantes que te impiden hacer lo que realmente deseas?

Apúntate a mi seminario Atrévete a ser libre, abundante y feliz. En él te ayudaré a conocerte , liberarte del pasado y caminar hacia la vida que realmente quieres.

¿Te gustaría encontrar creencias potenciadoras en tu vida pero no sabes cómo hacerlo? Te animo a que compartas tus sentimientos en los comentarios. Así me das la oportunidad de conocerte y darte unas pautas que te harán más feliz.

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¿Buscas siempre tener razón? Descubre por qué esa actitud te perjudica

¿Te gusta tener razón? Yo creo que a todos nos gusta. Cuando tienes una discusión por diferencia de pareceres y la otra persona te acaba dando la razón, te sientes como si recibieras un premio.

Pero, como todo, tratar de tener razón a toda costa tiene sus problemas. El hecho de que varias personas tengan una disputa y pretendan salirse con la suya siembra discordia y conflicto; en ocasiones de forma innecesaria.

Si eres observador, te darás cuenta de que en la mayoría de tus conversaciones expresas tu opinión sobre acontecimientos que ves o te suceden.

El tener una opinión u otra depende de nuestra perspectiva particular.

Eres subjetivo (aunque no lo creas), piensas que tu punto de vista es el mejor y a tus interlocutores les sucede lo mismo.

¿Por qué entramos en conflicto con otros cuando tratamos de tener razón?

No solo quieres tener razón, sino que piensas que no tenerla es lo mismo que estar equivocado.

Reflexiona sobre esto. ¿Crees de verdad que es así?

Pero vamos un poco más allá: ¿hasta qué punto tener razón te hace mejor persona? Tú ves la realidad de una forma y un amigo tuyo la verá de otra. Ambas son válidas y merecen el mismo respeto.

Como he comentado antes, es muy importante que te des cuenta de que interpretas todo lo que ves y te sucede. Lo pasas por el filtro de tus creencias.

Las creencias son tus esquemas mentales; esas afirmaciones que tienes grabadas en tu mente y para ti son verdades universales.

Están tan arraigadas en ti que conforman tu conducta. Por eso tiendes a pensar que eres objetivo cuando en realidad no lo eres.

Para evitar entrar en conflicto tienes que apartarte un poco de tu sistema de creencias, ya que eso te ayudará a ser más receptivo con las opiniones de los demás y no pretenderás salirte con la tuya a toda costa. El hecho de mirar tu mapa mental desde lejos te hará ver si de verdad te está ayudando a gestionar tu vida y a alcanzar la felicidad.

Pretendes tener razón porque no sabes escuchar

Otra de las razones por las que tienes el mal hábito de querer llevar razón siempre es porque no sabes escuchar. Nuestra educación se basa en oír, pero no en desarrollar la escucha activa.

Si practicas la escucha activa, dejas de juzgar y creas un espacio de comprensión, confianza y autenticidad. No se trata de ver quién tiene razón, sino de comprender las motivaciones y sentimientos de las personas con las que hablas.

¿Estás obsesionado con tener razón siempre y eso dificulta tus relaciones?

Entonces puedo ayudarte con mi seminario Atrévete a ser libre, abundante y feliz. En él te enseño a escuchar activamente, a los demás y a ti mismo. Escuchar tu propia voz te hará desenmascarar las actitudes e interpretaciones que te hacen daño y te impiden relacionarte con empatía.

¿Qué te aporta tener razón? ¿Te aleja o te acerca a los demás? Te animo a que compartas estas reflexiones conmigo en los comentarios. Es una buena forma de conocernos y enriquecernos unos a otros.

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La cultura de la queja: ¿realmente sirve quejarte por lo que sale mal?

La queja parece algo que viene de serie con el ser humano. Cuando vives cualquier situación y no sale como te gustaría, te quejas ante cualquier persona o, si no tienes a nadie, lo haces contigo mismo y empiezas a dar vueltas y más vueltas a ese contratiempo.

A veces pienso que vivimos en una especie de cultura de la queja. Cuando hablo con familiares y amigos, siempre hay una parte de la conversación que consta de alguna queja. Lo curioso es que esto mismo no solo me pasa cuando hablo con personas de confianza: muchas de las veces que estoy en la cola del supermercado escucho a la gente quejarse.

¿Eres consciente de cuánto tiempo pasas quejándote?

Si lo piensas, seguramente te des cuenta de que es bastante. Y ahora, dime una cosa: ¿qué te aportan las quejas? ¿Cómo influyen en tus relaciones con los demás?

En un primer momento, la queja te alivia porque necesitas exteriorizar tus sentimientos y descargar un poco el problema. Pero esto es solo momentáneo.

Si te instalas en la queja no serás feliz. ¿Por qué?

En la vida hay muchos problemas y tu satisfacción se basa en tu capacidad de superarlos.

Si te quejas constantemente, construyes un muro ante ti que te impide superar los contratiempos.

Cuando te quejas, no resuelves nada. Es más: contribuyes a crear más malestar a tu alrededor.

Esto no significa que no puedas comentar con otras personas algo que te ha pasado o una situación con la que no estás de acuerdo, te duele o te molesta. Pero si lo haces con mucha frecuencia, puedes llegar a cansarles e incluso pueden llegar a considerarte una persona tóxica.

Vivir en una queja constante y manifiesta te impide resolver tus problemas y sin darte cuenta trasladas la responsabilidad de solucionarlos en terceras personas. Por eso, lo mejor que puedes hacer es dejar a un lado las quejas y ponerte inmediatamente a buscar soluciones.

Aunque no lo creas hay un abanico grande de posibilidades que se abre ante ti.

Cambia la queja por una propuesta constructiva

No siempre es posible cambiar las circunstancias, pero sí podemos cambiar la manera de interpretarlas. Para ello debes aprender a valorar lo que tienes. Y eso significa agradecer.

Cambia la cultura de la queja por la del agradecimiento.

Agradecer y valorar lo que tienes hace que tu conducta sea más responsable ante los retos de tu día a día. Tu capacidad de agradecer puede ser ilimitada una vez que eres consciente de los detalles maravillosos que tiñen tu vida cada día.

¿Eres de las personas que se instalan en la queja y les cuesta encontrar salida a sus dificultades?

Entonces te ayudará mi libro Atrévete a tenerlo todo. En él te enseño a descubrir el poder que tienes de cambiar y elegir. Solo así podrás ver el abanico de opciones que tienes ante ti para que los contratiempos se conviertan en oportunidades.

¿En qué medida la queja me impide valorar el momento presente? ¿Puedo hacer algo para cambiar aquello de lo que me quejo? Me harás muy feliz si lo compartes conmigo en los comentarios.

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Derriba el muro de las excusas y corre a por tu felicidad

Las excusas son como mirar el toro detrás de la barrera.

Imagina por un momento a un amigo que suele llegar tarde cuando quedáis. ¿Verdad que siempre pone alguna excusa? Que si en ese momento me llamaron por teléfono y era importante, que si me pilló el atasco…

Los contratiempos son posibles, desde luego; pero cuando llevas años oyendo a tu amigo excusarse por su falta de puntualidad, dejas de tomarlo en serio. Pierde su credibilidad y conoces perfectamente la realidad que esconden sus palabras.

Esta situación es solo un ejemplo, pero ¿has pensado alguna vez que tu vida soñada te parece un horizonte muy lejano porque siempre encuentras un motivo que justifique tu situación actual?

Las peores excusas son las que nos ponemos a nosotros mismos.

Y son, precisamente, esas excusas las que nos impiden dar los pasos para alcanzar la vida que queremos.

¿Sabes qué se esconde detrás de las excusas? 

Miedo.

El miedo: el material con el que fabricamos las excusas

El miedo es lo que empuja a construir una muralla de excusas. Esa muralla está luchando contra ti y si no haces nada por eliminarla, te ganará en el combate de la vida.

El miedo nos empuja a construir una muralla de excusas y se convierte en un tirano que impide el desarrollo personal pleno y la abundancia en la vida. 

¿Realmente estás dispuesto a renunciar a tus sueños y dejar que te dominen las excusas?

No es nada raro que esto suceda.

Todos hemos tenido algunos sueños que no se han cumplido por culpa de las excusas. Estas nos llevan a posponer todo y procrastinar, hasta que al final nos olvidamos de ese sueño y nos autoengañamos pensando que es mejor dejar las cosas como están y no luchar.

Voy a poner un ejemplo donde mucha gente se ve reflejada: el trabajo.

Tienes un trabajo fijo y bien remunerado, pero no te gusta y no te hace feliz. Te encantaría dejarlo, pero piensas que no encontrarás otro y ves las ventajas del sueldo y el tipo de contrato.

Ahora vamos a apartar las excusas.

¿Qué te parece si cambias el “no puedo” por el “empiezo ya”?

Te doy unas cuantas ideas que puedes llevar a cabo fácilmente:

  • Mirar anuncios y buscar otro trabajo.
  • Formarte en nuevas habilidades.
  • Si lo que quieres es emprender, busca cómo validar tu idea de negocio. Hoy en día hay muchos cursos y comunidades de emprendedores donde te sentirás arropado.

Actúa. No pienses que ya tienes el no. Piensa que el sí está más cerca de lo que piensas y que lo único que te separa de la vida que tienes a la vida que quieres eres tú mismo.

Ya lo dice un proverbio árabe muy antiguo:

Quien quiere encontrará un medio; quien no, una excusa.

¿Te gustaría encontrar la forma de aparcar las excusas y despertar tu extraordinaria fuerza interior para conseguir todo lo que te propongas en la vida?

Apúntate a mi seminario intensivo Atrévete a ser libre, abundante y feliz®.

Descubrirás por qué eres como eres, para qué haces lo que haces y de qué modo puedes liberarte del pasado para poder vivir en el presente y empezar a crear y experimentar la vida ideal que sueñas.

Después de apuntarte, cuéntame: ¿sueles ponerte excusas para no perseguir tus sueños? ¿Cuál es la excusa que más te repites y que más te paraliza? Estoy deseando escucharte, así que te espero en los comentarios.

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