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La luz en la oscuridad – Otra manera de vivir la vida

Todos hemos vivido en algún momento un instante de oscuridad.

El mío fue hace unos pocos años. Se presentó de repente. O así lo viví yo entonces, aunque en realidad era algo que sin darme cuenta, había venido gestándose desde hacía tiempo.

En 1998, cuando me licencié en Ciencias Económicas, quería comerme el mundo. Unos años más tarde, de hecho, había logrado todo lo que me enseñaron a creer que me haría feliz: estaba casada, tenía mi propia familia, vivía en Benidorm (Alicante) en una casa cerca de la playa, tenía negocios prósperos y dinero en abundancia.

Según la gente que me rodeaba, lo tenía todo. Sin embargo, yo me sentía muy infeliz y estaba completamente desconectada de mí misma. Lo que nadie sabía era que estaba viviendo un auténtico cataclismo por dentro.

Me miraba al espejo y no me reconocía. Desconfiaba de mis capacidades, me sentía insegura y buscaba la aprobación de los demás. Mi vida era un barco a la deriva, sin dirección ni destino. Una existencia gris, llena de niebla; y yo, incapaz de darle un giro.

A pesar de ello, algo en mi interior me decía que TENIA QUE HABER OTRA MANERA DE VIVIR.

Y fue ese pensamiento, esa creencia profunda de que la vida tenía que ser mucho más que simplemente existir y dejarse llevar, lo que me dió fuerzas para tomar una decisión.

Estaba perdida. Primero había querido ser la hija perfecta, luego la esposa y madre perfecta. Hasta entonces siempre había vivido para hacer feliz a alguien, para contentar a las personas de mi alrededor, aunque eso significar a ir en contra de lo que yo deseaba o de lo que a mí me hacía feliz.

Pero, ¿quién era yo, en realidad? ¿Qué quería? ¿Cómo me sentía?

Sabía que no podía continuar así, que vivir de esa manera, a pesar de la apariencia de que tenía todo lo necesario para ser feliz, era una farsa. Y más pronto o más tarde, de no hacer algo para remediarlo, me pasaría factura.

Solo sé que necesité tan solo un segundo de coraje para tomar una decisión: la de asumir las riendas de mi vida.

Nadie podía hacerlo por mí. Así que tuve que enfrentarme a todo: a mis miedos, a los reproches y sospechas de mi entorno, a las murmuraciones y el qué dirán de los que se llamaban mis amigos y conocidos.

No me importó. Porque en aquel momento, yo, que siempre había vivido en función de los demás, por fin vivía en función de mí misma. Quería conocerme, saber hasta dónde podía llegar. Quería crecer, aprender, experimentar y convertirme en la mejor versión de mí misma.

En tu instante de oscuridad no busques la luz fuera, en los que te rodean o en lo que tienes.

Sólo tú puedes iluminar tu camino.

Tú eres la verdadera, la auténtica luz. Sólo tú puedes encender tu camino para que nunca más te sientas perdido.

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