Melania Garbú - Consultora en Educación Ontológica

Por qué conmigo…

Si te digo que soy economista, empresaria y escritora no lograría ni que apuntaras mi nombre.

Puedo sumar que disfruto de una relación auténtica con un hombre fascinante y tengo una hija maravillosa que llena mi vida de amor, alegría y constante asombro.

Y quizás hasta te genere un cierto rechazo.

Si te hablo de mi ser esencial, el que no hace tanto descubrí, podría agregar que soy la totalidad de mis experiencias, desafíos, aprendizajes y oportunidades que constituyen mi vida.

¿Y tú no?

Ahora, en una cosa debemos estar claros:

que si para ti es importante que me presente con todos mis títulos, para confiar en que puedo ayudarte, quizás no encuentres aquí lo que buscas.

Porque, aunque me he licenciado en Ciencias Económicas y me he formado en Programación Neurolingüística, Bioneuroemoción® e Hipnosis Ericksoniana…

Hoy en día solo me identifico con ser una persona que aplica la Educación Ontológica y que, a pedido de mi amiga Susana, terminé por desarrollar la metodología Coraje en acción™.

He decidido abrirme a contar mi historia, la más profunda y personal, porque deseo que tú también me cuentes la tuya, en confianza.

Tu historia va más allá de lo que te pasa, de tus problemas, de lo que te preocupa o quita el sueño.

Tu verdadera historia es lo que eres.

Un poco de mi historia…

(y la pregunta que ya no deberías hacerte para dar con tu verdadera historia)

Mi vida empezó a cambiar el día que tomé una decisión: la de asumir las riendas de mi vida.

Por un solo instante —un segundo de coraje—, me atreví a creer que hay otra manera de vivir la vida. Me permití creer que merecía ser feliz, estar en paz y disfrutar de la vida.

Y aposté por ello.

Pero empecemos desde antes, de cuando me «comía el mundo»…y no sabía que no era feliz.

En 1998, me licencié en Ciencias Económicas, y me sentía exultante. ¡El mundo me estaba esperando y yo tenía lo que el mundo necesitaba!

Construí una vida…como todos, o como todos esperaban…

Pasó un tiempo… y yo, creyendo ser feliz. Estaba casada, tenía mi propia familia, vivía en una casa cerca de la playa, tenía negocios prósperos y dinero en abundancia. Tenía todo lo que la inmensa mayoría busca: dinero, familia, éxito. De cara al exterior, mi posición era envidiable.

Pero por dentro era muy distinto. Me sentía vacía, viviendo una vida que no era mía.

Hasta que, hace más de 10 años, llegó ese pequeño gran cataclismo: un divorcio traumático que me obligó a abandonarlo todo y me dejó sola, llena de dudas y miedos.

Viví en medio de confusión e incertidumbre durante mucho tiempo. Y no por no saber lo que quería, sino porque, al mirarme al espejo, ya no reconocía a la persona en la que me había convertido.

Reflejaba a alguien que había renunciado a todo lo propio para mantenerse a flote y, sin embargo, la sensación era de haberse ahogado.

Ignoraba quién era y para qué había venido a este mundo.

Mi vida era un completo caos.

Pero no podía permitirme naufragar. Mi hija pequeña fue mi tabla de salvación. Gracias a ella encontré, no sé de dónde, ese coraje que me permitió salir adelante.

Lo pasé fatal, como puedes imaginar.

Buscando ayudarme a mí misma, tomé la iniciativa de formarme en Programación Neurolingüística, Bioneuroemoción® e Hipnosis Ericksoniana.

Pero, aún así, sentía que…

Faltaba algo.

Hasta que algo cambió el destino de mi vida

En mi desesperación por acabar con tanto sufrimiento, me animé a participar en un entrenamiento ontológico de crecimiento y superación personal intensivo, de tres días.

Algo así como un tanque aplastando mi cuerpo y rompiéndolo todo…

Solo sentí dolor y humillación y no fui capaz de ver nada más.

Nos mezclamos en el pasillo fuera del gran salón del hotel, temprano, el sábado por la mañana. Aún no sabemos mucho sobre lo que sucederá. Conversamos, inquietos…

¿Será que funcione…?

¿Y si funciona?

¿Y si tuviéramos que cambiar, volvernos diferentes, perder el interés en nuestros juegos actuales, nuestros problemas familiares, nuestras relaciones personales duraderas y …?

Siendo personas sofisticadas e inteligentes, muchos de nosotros participamos en conversaciones sofisticadas e inteligentes, garantizadas para comunicar nada de nuestras emociones y poco de nuestro intelecto…

…pero con estilo.

«¿Cómo llegaste a esto?» Carlos le pregunta a Ana.

«Un amigo mío dice que ha aumentado sus ventas en un treinta por ciento. Pero lo que realmente me impresionó fue que el tipo parece saber lo que está haciendo ahora. De repente está seguro de sí mismo…».

«Realmente no creo que necesite esto», le susurra una mujer etiquetada como Alba después de un rato, a Josefina, sentada a su lado. «Quiero decir que estoy perfectamente feliz. Pero este entrenamiento hizo maravillas por mi ex-marido, y quién sabe, tal vez haga algo por mí».

«¿Por qué has decidido inscribirte en este entrenamiento?» Tina le pregunta a su vecino a su derecha, un hombre de mediana edad llamado Paco.

«Oh, supongo que porque mi vida está jodida. Mi esposa y yo nos separamos hace un año y de alguna manera he perdido el sentido de la orientación. Y parece que este entrenamiento hace que la gente sienta que sabe lo que está pasando y lo que quiere».

Las puertas de la sala de entrenamiento se abren, entra una mujer carismática de unos 50 años, y sube a la plataforma.

Mira brevemente a la audiencia por al menos un minuto.

«Mi nombre es Carolina, soy tu entrenador y tu entrenamiento ha comenzado. Junto a mi equipo hemos desarrollado ciertas reglas básicas para el entrenamiento que tú acordaste cumplir».

Recuerdo que una de las reglas del entrenamiento era «no hablar de los demás».

Cuando escuché eso me puse toda una furia y pensé: «¡están locos!, y si no puedo hablar de los demás, ¿a quién le echaré la culpa por todas mis desgracias?».

Estaba destrozada.

«Vuestras vidas no funcionan» prosigue la entrenadora con firmeza.

«Tenéis grandes teorías sobre la vida, ideas impresionantes, sistemas de creencias inteligentes. Todos y cada uno de vosotros, sois muy razonables en la forma en que manejáis la vida, y vuestras vidas no funcionan. El mundo no funciona».

La voz de la entrenadora es penetrantemente intensa, fría, y mueve sus ojos sobre los participantes como si fuera capaz de mirar a través de cada uno.

«Es bastante simple. Todos rompéis acuerdos. Y esa es una de las razones por las que vuestras vidas no funcionan.

Estáis viviendo vuestras vidas bajo la teoría de que sois alguien especial, privilegiado y, por lo tanto, sois libres de hacer trampas: en impuestos sobre la renta, en vuestras relaciones íntimas, familiares o de negocio, en las cuentas de gastos… y, por supuesto, en pequeños acuerdos triviales con los demás.

Te mientes a ti mismo. Sientes que estás atascado y quieres escapar, pero no puedes ir a dónde quieres ir hasta que descubras dónde diablos estás en realidad.

Y la definición de amigo en la que crees, es alguien que acepta tus mentiras si tú estás de acuerdo con las suyas. Es fantástico. Y la vida de nadie funciona».

La entrenadora se detiene por un breve instante y prosigue…

«Mi vida funciona, ya sea que acabes el entrenamiento o vayas a ver una película porno.

Tú decides.

Depende de ti elegir transformar tu vida.

Yo no lo voy a hacer por ti.

Sólo tú puedes hacerlo».

El primer día del entrenamiento me resultó muy incómodo.

Por una parte, porque por primera vez se trataba de mi misma y no de los demás.

Y por otra parte porque, por un instante, tuve que ser honesta conmigo misma y reconocer que algo me pasaba, que me bloqueaba y me impedía estar en paz, ser feliz y disfrutar de mi vida.

Recuerdo que me resistía con todas mis fuerzas a asumir aquella responsabilidad y a tener la valentía necesaria para abandonar mi zona de confort.

Y en medio de aquel malestar pasaron los dos primeros días.

El tercer día, me presenté media hora antes para hablar con la entrenadora.

Me acerqué a ella, le dije quién era, que mi vida apestaba —en una palabra— y que yo había entendido que ese entrenamiento intensivo me la iba a cambiar.

En mi desesperación e ingenuidad, pensé que por el simple hecho de participar y sin hacer nada más, alguien externo me iba a solucionar los problemas y a cambiarme la vida.

¡Qué equivocada estaba!

Ahora lo pienso y me produce ternura.

Y ella dijo:

«¡Enhorabuena Melania!, todavía estás a tiempo de seguir desperdiciando tu vida».

 

Se dio la vuelta y se marchó.

Me quedé de piedra.

Muda.

Y con cada minuto que pasaba, mi rabia y mi frustración aumentaban. Acabé el entrenamiento, pero mi vida no cambió.

¿Sabes por qué?

  • Primero, porque todavía no estaba dispuesta a renunciar a mi papel de víctima.

Porque me empeñaba una y otra vez en tener razón y en utilizar todas las trampas que tenía a mi alcance para desperdiciar mi vida: excusas, quejas, resentimiento, expectativas, autocastigo, autosabotaje…

  • Segundo, porque no me estaba haciendo la pregunta correcta.

Yo quería saber «por qué» me habían pasado a mí todos aquellos desastres, cuando la pregunta correcta era «para qué»:

¿«Para qué» estaba viviendo aquella situación tan difícil?

¿Cuál era el aprendizaje que había detrás?

¿Cómo podría dejar de obsesionarme con mi dolor y mi frustración y comenzar a reconocer todas las cosas buenas que me rodeaban?

El día que tomé la gran decisión

(y que por eso estoy aquí)

Sin embargo, a pesar de resistirme con todas mis fuerzas a renunciar a mis verdades absolutas sobre mí misma y sobre la vida, después de aquel entrenamiento ya no volví a ser la misma persona.

Unas semanas más tarde, contacté con mi entrenadora y le dije que estaba lista.

¿Lista para qué?, me preguntó.

Para evolucionar y convertirme en la mejor versión de mi misma. En definitiva, para encontrar el camino de regreso a mi verdadera esencia, sin disfraces ni resistencias.

Pero no lo veas tan fácil…

Solo los caminos de ciudad, no naturales, no contienen piedras.

Esquivarlas, o moverlas requiere de pericia, voluntad, constancia, consistencia, paciencia, tolerancia, amor por uno mismo.

Y comprender que la meta es el camino.

Es verdad que tengo lo que siempre he soñado.

Y agradezco profundamente la persona que soy y cada regalo que he obtenido, en todos los sentidos.

Agradezco mi humanidad y mi vulnerabilidad. Agradezco tanta abundancia y la sensación de plenitud que me acompaña, sean cuales sean las circunstancias.

Mi gratitud se expresa en lo que hago.

Hoy, transmito lo que he recibido y no me pertenece. 

Ayudo a las personas a identificar los obstáculos ocultos que les están arruinando la vida (sin que se den cuenta) y les impiden ser felices, a través de entrenamientos ontológicos guiados.

Si tuviera que enfrentarme a Melania de 18 años, le diría:

¡PUEDES tener la vida que deseas!

Pero para ello, necesitas respetarte y amarte a ti misma sin condiciones.

Necesitas asumir la responsabilidad de tu vida y tomar acciones relacionadas con lo que te inspira hacer. Necesitas auto-educarte.

Tu educación depende solo de ti, no de los demás.

Qué es la educación ontológica (y para qué la utilizo)

Es el estudio del ser humano.

Es la libertad de limitaciones, de patrones y verdades absolutas. Es encontrar el camino de regreso hacia ti mismo, para que despiertes de la ignorancia.

Te hace consciente de tu propia experiencia, de los patrones que tienes, de la forma en que te comportas, que te apoyan o no en tu vida.

Te hace conectar contigo mismo, con tu propia vida —y vivirla, en lugar de hablar de ella—.

A través de la educación ontológica empiezas a ver dónde estás saboteando tu  vida, tu poder, tu verdad, tu autoestima.

Requiere de mucho CORAJE.

Si tuvieras que describir qué es el equilibrio en la bicicleta te costaría ¿verdad?

Lo tienes, lo vives, pero no puedes describirlo.

No importa cómo lo describas o lo que explique cualquier manual extraordinario que tengas en la mano. Difícilmente sabrías decir qué significa el equilibrio en una bicicleta.

La ontología es el equilibrio en la bicicleta, no el manual del equilibrio en la bicicleta.

Entonces, si quieres vivir la vida —no hablar de ella—, eso es lo que hace la ontología.

Hace más de 10 años que practico la educación ontológica como instrumento de ayuda para cambiar la manera en que las personas ven las cosas.

Marcará una gran diferencia también en tu vida.

¿Por qué?

Porque no se basa en la información que acumulas, la experiencia que tienes o todas las cosas que sabes.

Se basa en un cambio de perspectiva.

En el momento en que tienes la capacidad de cambiar una perspectiva, y la modificas, tienes acceso a nuevas herramientas para resolver tus problemas.

¿Perspectivas sobre qué?

Sobre ti mismo, sobre las relaciones que tienes, sobre tu familia o negocio, sobre tu futuro, tu vida, tu trabajo…

¡Y eso es fantástico!

Qué es cambiar de perspectiva

Míralo desde los ojos de Miguel Ángel.

Sí, Miguel Ángel Buonarotti también nos enseñó a pensar.

¿Sabes qué respondió cuando alguien le preguntó cómo tallaba su David?

«No hago más que derribar lo que no es David»

Una vez que descubres el pensamiento equivocado, te preguntas: «¿quiero seguir saboteándome, o no?».  

Luego actúas.

O no.

Si es que sí, el resultado es siempre: liberación, resultados, satisfacción, gratitud.

¡Tu vida, en tus manos!